
Muchos. Muchos epítetos sonoros has empleado para intentar atravesar mi coraza, vanos todos, pues no tengo un alma que quemar, Johnny Blaze. Te frustras, porque sabes que es igual, claves donde claves tu afilada lengua-lanza. Porque de heridas ando cubierto, y no por llevar chaleco me libro de tus balazos.
Exactamente, Iceman, soy peligroso. Es por eso que te doy MIEDO. No me acojono mirando cara a cara el cañón de tu pistola. Tus armas jamás producirán en mí el efecto que te gustaría. Aunque disfraces el cañón debajo de tu jersey, sé de dónde salen los proyectiles. No tienes nada que hacer. A mí no me ganas. Ni aunque aciertes.
Porque el frío que te invade está en tu naturaleza metálica. Sientes el calor en la superficie cuando te tocan, pero nadie calienta el férreo núcleo de tus sentimientos. Eres tan triste que te has creído Pinocho, por no asumir tu condición de hierro. Porque sabes, que cuando el que te toca, deja de hacerlo, el calor se disipa y te vuelve a llenar el frío gris con el que has nacido, y que nunca vas a acabar de escupir. Porque los de tu alrededor quieren que seas de hierro. Y tú no tienes personalidad para asumir tu propia verdad. Que eres lo que quieres ser. El ser humano se hace, no nace. Que se lo digan a Ironman.
Y es que de sueños inalcanzables está construido el mundo. No hay más que recordar a Julio Verne, doctorado en soñar imposibles. Que alguien suba y le pregunte si sabía algo que los demás no sabían, o simplemente se dejó llevar por sus sueños. Entonces fue un loco, pero… ¿después? Ahora todos lo admiran. Porque el reconocimiento siempre llega a título póstumo. Durante la vida sólo te rodean los envidiosos, y los que te quieren demasiado como para interrumpir tus sueños. Que es precisamente a los que te empeñas en no escuchar.
Hablamos del amor y sigues sin entender qué significa. ¿Significa algo para tí? Porque para mí el amor es precioso, efímero, y una cabronada. Porque llega y se va, como llegan y se van las aves migratorias que cruzan el continente, buscando su sueño de climas más cálidos. Volando, ellas que pueden. Y las personas metálicas, como tú, quieren volar, pero sólo ven el batir de alas. Se preocupan porque cada aleteo sea perfecto. Que todo sea armonioso. Primero arriba, adelante, y después abajo y hacia atrás. La mecánica de vuelo está entendida. ¿Pero acaso estás volando? Qué va. Ya te gustaría volar sólo con eso.
Yo sí que vuelo. Yo. Yo, que tengo los dos pies en el suelo, vuelo de verdad. Porque no me importa si vuelo por mis alas, si me suben las corrientes, si lo hago bien, si lo hago menos bien. Si por las plumas, por el aire, si Dios me sujeta con su dedo, si no he volado nunca, y poderosa es mi mente. ¿Qué es real, Neo? Lo que tú quieres que sea.
Deja atrás la teoría, que ya sé que sabes mucho de todo. De todo lees, de todo tienes un dato. Aleccionas al más pintado. Recopilas, almacenas, archivas, memorizas… Pero no sabes nada de nada.
Sólo lamentarte. Que la vida te ha dado muchos golpes, que eres una desgracia caminante, y que hay gente que no se merece la vida tan afortunada que tiene. Pero la tiene. Y no es tu problema. Tu problema eres tú, tú y tú. Y hasta que no aprendas a creer en tí, no tendrás tu vida propia, Balboa Junior.
Y si tu vida es una mierda, no te sientes a esperar que otros te la perfumen. Levántate del puto suelo, y aprovecha las cuatro manos que se te han concedido, para limpiar más rápido, y deja de llorar. Yo estoy aquí para tí, siempre lo he estado.
Aquí todos ayudamos a limpiar la mierda, mas a los demás nos gusta mantener nuestro limpio cristal, limpio. Y te agradecería que la suciedad del tuyo la tires a otro lado, que la paciencia tiene un límite.
Y la mía especialmente, tiene un límite explosivo. Yo me he esforzado en paliar mi exceso de carácter, para subir el punto de ebullición tan alto, que no haya fuente que lo caliente y logre hacerme hervir. NO me verás hervir. No vas a vivir para verlo, no, yo no te voy a dar esa satisfacción. Me puedes arrear con todas tus ganas, mas como mucho soltaré una fumarola. Nada de erupciones pirotécnicas inducidas por los traumatismos que provoca tu bífida lengua de víbora.
Yo no dejo por los suelos a quien no merece venganza, que rapean algunos. Mi pirotecnia es demasiado hasta para ti, así que olvídate de provocarme más. Pierdes tu tiempo.
Yo no me sacrifico nunca. Me parece estúpido privarme a mí mismo de mis placeres por otro que va a estar en mi vida efímeramente y que seguramente no haga lo mismo por mí.
Que los sacrificios son cosa del pasado lo saben en cualquier tribu. Y si quieres sacrificar, sacrifícate tú.
Tú idolatras la ornamentación de los actos, la rimbombancia, la aparatosidad. Que nunca oí a nadie aclamar tanto sobre la amistad ni en la más sonora poesía, ni en la película dominguera más casposa. Que te cargues de retóricas no es óbice para que funcione como lo cantas. ¿Por qué me tratas de vender una tartana como deportivo? Tengo ojos y los utilizo para ver, hasta más que para conseguir follar, (arte en el que me he vuelto extremadamente eficiente, señor Anderson).
Que sí, que la arrogancia me pierde, pero también me levanta de los leñazos que me haces pegarme. Porque sé de qué pie cojeo y sé dónde me cae tu zancadilla. Cogito, ergo sum. Ni soy tan simple ni me lo intentes hacer creer. No tienes preparación para hacerme dudar de mí mismo.
Sé, de buena tinta, que te regodeas en tu lecho cada vez que asumo (de mala gana) mis culpas. Te encanta que me baje de mi pedestal invencible y reconozca mi faceta más humana. Y no eres capaz de ver, como cualquier persona ciega de corazón, que es un teatro.
Porque no te miento si te digo la verdad, pero miento como nadie y mis verdades duelen menos que mis mentiras. Y es que siempre te lo he puesto fácil. Hasta me he hecho simple de pensamiento. Me he construido de tal cristal, que se ve a través de mí. Pero hasta el cristal más brillante se empaña de suciedad, cuando llueven los lodos del cinismo.
No tienes valor, ni categoría, ni dignidad para admitir que tus vanas amenazas me resbalan como patines en el hielo. Por la misma puerta que entras, sales. Que tú aguantas, dices. Mas… ¿Qué aguantas? Hablas de aguantar, pero yo…
Yo oculto en mi voluntaria ignorancia tu bipolaridad. O tu tripolaridad. O tu muchi-polaridad, ya que tu vida se basa en muchos, muchos, muchos. Gente que hace tal, pero es cual. Que te ofrecen, pero no. Que te, pero. Palabrería barata que se hace patente en tu manera de expresarte, puesto que tus tramas internas te restan el cuidado que le ponías a tus anteriores interpretaciones. Tu fantasía llega tan lejos que has desdibujado largo ha, la línea que separa la realidad de tu realidad. Aburres a las cabras.
Y a mí el primero, porque mi vida está pletórica de emociones, cientos que sabes y miles que callo. Me las guardo para mí, tú no tienes derecho a saberlas. Con eso y con todo te empeñas en ponerle pimienta a mi plato de tabasco, aun a sabiendas de que ni lo voy a percibir. Sin embargo tu plato sigue sin sal. ¿No te dice algo eso?
¿Quién te crees que eres para cuestionar mis prioridades? Mis prioridades son mías, ahí no hay nada que rascar. Preocúpate de las tuyas. Yo soy mi primera y última prioridad. Mi fu-EGO me devora consumiendo el carbón de las personas que lo alimentan, que son más de las que puedes soportar.
Soy conocedor de lo que te gusta avivar esa llama para apagarla después, con tus jarros de agua fría. Mantengo la calma porque sé que algún día recuperarás (posiblemente a base de ostias) esa falta de tacto que con tanta gracia te ha otorgado la confianza. Porque donde hay confianza, algunos se empeñan en hacerlo asqueroso.
Y priorizando, si pretendes que vomite que eres lo primero para mí, entonces tus expectativas andan muy desencaminadas, más de lo que yo creía. Eso sólo se lo digo al que se lo merece, y si realmente se lo merece no hace falta que se lo diga, que ya lo sabe. Y si no lo sabe, la ignorancia es un don.
Expectativas. Cuanto más quieres a alguien, menos expectativas tienes, porque más te pueden defraudar. Eso lo estoy aprendiendo yo ahora, yo, que me creía que lo sabía todo, pero no, no sabía lo que es el amor. Como decía, llega, y se irá.
Pero yo no, no vivo con ese miedo constante que te acongoja, ese “algún día”. No. Yo soy más de “carpe diem, tempus fugit”. Y me va de lujo, y me irá mal y no pienso pensar en pensar cuán mal me irá. Parches, parches y más parches. ¿Para qué voy a llenar la rueda de parches si no se ha pinchado aún?
Siempre fui muy prepotente, ególatra, auto-amado y equilátero. Y soy porque puedo, y puedo ser aún más si me lo propongo, mas no tiene sentido. La gente que tanto se entrega no se da cuenta que con quien vas a vivir el resto de tu vida es contigo y tu propia conciencia. ¿Qué la tienes intranquila? Lo sé. Tienes faltas ortográficas que nunca has tachado, Xhelazz, es por eso que te veo venir a kilómetros de distancia, a ti y a tu polaridad.
Y a pesar de quererme tanto a mí mismo, sigo tolerando tus continuas idas de pelota, porque a locos no me gana nadie, y a cuerdos menos. Y si sigo encadenando pensamientos voy a hacer más daño del que me propongo.
Y no me propongo hacer daño, sólo taladrar tu casco para ver si esa cabeza hueca en la que almacenas datos y frases, y ninguna experiencia, tiene arreglo o es demasiado tarde. Y la verdad es que me da igual, tus problemas son tus problemas y yo estoy hasta la polla de cargarlos, que tengo los míos, y aunque pesen menos, me siguen lastrando.
Si jugamos a que cada perro se lame su cipote, preocupado he de ir yo de perras, zorras, lobas, hienas, chacales, coyotes y demás fauna carroñera de que no me lo muerdan y me infecten con su rabia como te he consentido a ti que me contagies tu pesadumbre.
Soy el ejemplo del egoísmo. Si quieres ser como yo, no seas como yo, porque no eres tan especial, ni lo vas a conseguir nunca. Aléjate lo que quieras. Yo llevo mi rumbo, si quieres navegar conmigo, sabes que te doy la bienvenida. Pero no intentes joderme, Montana. ¡Joderme a mí es querer joder al mejor! Me sumo a Espronceda, que cantaba eso de "¡Sentenciado estoy a muerte! Yo me río, no me abandone la suerte, y al mismo que me condena colgaré de alguna antena, quizá en su propio navío..."
Hagas lo que hagas, te pierdas o no, ahórrate los sermones. Si me quieres demuéstralo, no me lo digas. Ni una sola vez necesito escucharlo, cuando sé que estás pensando lo mismo que yo. Y si oyes voces, y las haces caso, estás ejecutando tu propia sentencia.
Déjame vivir en paz, que yo duermo bien por las noches.
Ni mil palabras más.
Exactamente, Iceman, soy peligroso. Es por eso que te doy MIEDO. No me acojono mirando cara a cara el cañón de tu pistola. Tus armas jamás producirán en mí el efecto que te gustaría. Aunque disfraces el cañón debajo de tu jersey, sé de dónde salen los proyectiles. No tienes nada que hacer. A mí no me ganas. Ni aunque aciertes.
Porque el frío que te invade está en tu naturaleza metálica. Sientes el calor en la superficie cuando te tocan, pero nadie calienta el férreo núcleo de tus sentimientos. Eres tan triste que te has creído Pinocho, por no asumir tu condición de hierro. Porque sabes, que cuando el que te toca, deja de hacerlo, el calor se disipa y te vuelve a llenar el frío gris con el que has nacido, y que nunca vas a acabar de escupir. Porque los de tu alrededor quieren que seas de hierro. Y tú no tienes personalidad para asumir tu propia verdad. Que eres lo que quieres ser. El ser humano se hace, no nace. Que se lo digan a Ironman.
Y es que de sueños inalcanzables está construido el mundo. No hay más que recordar a Julio Verne, doctorado en soñar imposibles. Que alguien suba y le pregunte si sabía algo que los demás no sabían, o simplemente se dejó llevar por sus sueños. Entonces fue un loco, pero… ¿después? Ahora todos lo admiran. Porque el reconocimiento siempre llega a título póstumo. Durante la vida sólo te rodean los envidiosos, y los que te quieren demasiado como para interrumpir tus sueños. Que es precisamente a los que te empeñas en no escuchar.
Hablamos del amor y sigues sin entender qué significa. ¿Significa algo para tí? Porque para mí el amor es precioso, efímero, y una cabronada. Porque llega y se va, como llegan y se van las aves migratorias que cruzan el continente, buscando su sueño de climas más cálidos. Volando, ellas que pueden. Y las personas metálicas, como tú, quieren volar, pero sólo ven el batir de alas. Se preocupan porque cada aleteo sea perfecto. Que todo sea armonioso. Primero arriba, adelante, y después abajo y hacia atrás. La mecánica de vuelo está entendida. ¿Pero acaso estás volando? Qué va. Ya te gustaría volar sólo con eso.
Yo sí que vuelo. Yo. Yo, que tengo los dos pies en el suelo, vuelo de verdad. Porque no me importa si vuelo por mis alas, si me suben las corrientes, si lo hago bien, si lo hago menos bien. Si por las plumas, por el aire, si Dios me sujeta con su dedo, si no he volado nunca, y poderosa es mi mente. ¿Qué es real, Neo? Lo que tú quieres que sea.
Deja atrás la teoría, que ya sé que sabes mucho de todo. De todo lees, de todo tienes un dato. Aleccionas al más pintado. Recopilas, almacenas, archivas, memorizas… Pero no sabes nada de nada.
Sólo lamentarte. Que la vida te ha dado muchos golpes, que eres una desgracia caminante, y que hay gente que no se merece la vida tan afortunada que tiene. Pero la tiene. Y no es tu problema. Tu problema eres tú, tú y tú. Y hasta que no aprendas a creer en tí, no tendrás tu vida propia, Balboa Junior.
Y si tu vida es una mierda, no te sientes a esperar que otros te la perfumen. Levántate del puto suelo, y aprovecha las cuatro manos que se te han concedido, para limpiar más rápido, y deja de llorar. Yo estoy aquí para tí, siempre lo he estado.
Aquí todos ayudamos a limpiar la mierda, mas a los demás nos gusta mantener nuestro limpio cristal, limpio. Y te agradecería que la suciedad del tuyo la tires a otro lado, que la paciencia tiene un límite.
Y la mía especialmente, tiene un límite explosivo. Yo me he esforzado en paliar mi exceso de carácter, para subir el punto de ebullición tan alto, que no haya fuente que lo caliente y logre hacerme hervir. NO me verás hervir. No vas a vivir para verlo, no, yo no te voy a dar esa satisfacción. Me puedes arrear con todas tus ganas, mas como mucho soltaré una fumarola. Nada de erupciones pirotécnicas inducidas por los traumatismos que provoca tu bífida lengua de víbora.
Yo no dejo por los suelos a quien no merece venganza, que rapean algunos. Mi pirotecnia es demasiado hasta para ti, así que olvídate de provocarme más. Pierdes tu tiempo.
Yo no me sacrifico nunca. Me parece estúpido privarme a mí mismo de mis placeres por otro que va a estar en mi vida efímeramente y que seguramente no haga lo mismo por mí.
Que los sacrificios son cosa del pasado lo saben en cualquier tribu. Y si quieres sacrificar, sacrifícate tú.
Tú idolatras la ornamentación de los actos, la rimbombancia, la aparatosidad. Que nunca oí a nadie aclamar tanto sobre la amistad ni en la más sonora poesía, ni en la película dominguera más casposa. Que te cargues de retóricas no es óbice para que funcione como lo cantas. ¿Por qué me tratas de vender una tartana como deportivo? Tengo ojos y los utilizo para ver, hasta más que para conseguir follar, (arte en el que me he vuelto extremadamente eficiente, señor Anderson).
Que sí, que la arrogancia me pierde, pero también me levanta de los leñazos que me haces pegarme. Porque sé de qué pie cojeo y sé dónde me cae tu zancadilla. Cogito, ergo sum. Ni soy tan simple ni me lo intentes hacer creer. No tienes preparación para hacerme dudar de mí mismo.
Sé, de buena tinta, que te regodeas en tu lecho cada vez que asumo (de mala gana) mis culpas. Te encanta que me baje de mi pedestal invencible y reconozca mi faceta más humana. Y no eres capaz de ver, como cualquier persona ciega de corazón, que es un teatro.
Porque no te miento si te digo la verdad, pero miento como nadie y mis verdades duelen menos que mis mentiras. Y es que siempre te lo he puesto fácil. Hasta me he hecho simple de pensamiento. Me he construido de tal cristal, que se ve a través de mí. Pero hasta el cristal más brillante se empaña de suciedad, cuando llueven los lodos del cinismo.
No tienes valor, ni categoría, ni dignidad para admitir que tus vanas amenazas me resbalan como patines en el hielo. Por la misma puerta que entras, sales. Que tú aguantas, dices. Mas… ¿Qué aguantas? Hablas de aguantar, pero yo…
Yo oculto en mi voluntaria ignorancia tu bipolaridad. O tu tripolaridad. O tu muchi-polaridad, ya que tu vida se basa en muchos, muchos, muchos. Gente que hace tal, pero es cual. Que te ofrecen, pero no. Que te, pero. Palabrería barata que se hace patente en tu manera de expresarte, puesto que tus tramas internas te restan el cuidado que le ponías a tus anteriores interpretaciones. Tu fantasía llega tan lejos que has desdibujado largo ha, la línea que separa la realidad de tu realidad. Aburres a las cabras.
Y a mí el primero, porque mi vida está pletórica de emociones, cientos que sabes y miles que callo. Me las guardo para mí, tú no tienes derecho a saberlas. Con eso y con todo te empeñas en ponerle pimienta a mi plato de tabasco, aun a sabiendas de que ni lo voy a percibir. Sin embargo tu plato sigue sin sal. ¿No te dice algo eso?
¿Quién te crees que eres para cuestionar mis prioridades? Mis prioridades son mías, ahí no hay nada que rascar. Preocúpate de las tuyas. Yo soy mi primera y última prioridad. Mi fu-EGO me devora consumiendo el carbón de las personas que lo alimentan, que son más de las que puedes soportar.
Soy conocedor de lo que te gusta avivar esa llama para apagarla después, con tus jarros de agua fría. Mantengo la calma porque sé que algún día recuperarás (posiblemente a base de ostias) esa falta de tacto que con tanta gracia te ha otorgado la confianza. Porque donde hay confianza, algunos se empeñan en hacerlo asqueroso.
Y priorizando, si pretendes que vomite que eres lo primero para mí, entonces tus expectativas andan muy desencaminadas, más de lo que yo creía. Eso sólo se lo digo al que se lo merece, y si realmente se lo merece no hace falta que se lo diga, que ya lo sabe. Y si no lo sabe, la ignorancia es un don.
Expectativas. Cuanto más quieres a alguien, menos expectativas tienes, porque más te pueden defraudar. Eso lo estoy aprendiendo yo ahora, yo, que me creía que lo sabía todo, pero no, no sabía lo que es el amor. Como decía, llega, y se irá.
Pero yo no, no vivo con ese miedo constante que te acongoja, ese “algún día”. No. Yo soy más de “carpe diem, tempus fugit”. Y me va de lujo, y me irá mal y no pienso pensar en pensar cuán mal me irá. Parches, parches y más parches. ¿Para qué voy a llenar la rueda de parches si no se ha pinchado aún?
Siempre fui muy prepotente, ególatra, auto-amado y equilátero. Y soy porque puedo, y puedo ser aún más si me lo propongo, mas no tiene sentido. La gente que tanto se entrega no se da cuenta que con quien vas a vivir el resto de tu vida es contigo y tu propia conciencia. ¿Qué la tienes intranquila? Lo sé. Tienes faltas ortográficas que nunca has tachado, Xhelazz, es por eso que te veo venir a kilómetros de distancia, a ti y a tu polaridad.
Y a pesar de quererme tanto a mí mismo, sigo tolerando tus continuas idas de pelota, porque a locos no me gana nadie, y a cuerdos menos. Y si sigo encadenando pensamientos voy a hacer más daño del que me propongo.
Y no me propongo hacer daño, sólo taladrar tu casco para ver si esa cabeza hueca en la que almacenas datos y frases, y ninguna experiencia, tiene arreglo o es demasiado tarde. Y la verdad es que me da igual, tus problemas son tus problemas y yo estoy hasta la polla de cargarlos, que tengo los míos, y aunque pesen menos, me siguen lastrando.
Si jugamos a que cada perro se lame su cipote, preocupado he de ir yo de perras, zorras, lobas, hienas, chacales, coyotes y demás fauna carroñera de que no me lo muerdan y me infecten con su rabia como te he consentido a ti que me contagies tu pesadumbre.
Soy el ejemplo del egoísmo. Si quieres ser como yo, no seas como yo, porque no eres tan especial, ni lo vas a conseguir nunca. Aléjate lo que quieras. Yo llevo mi rumbo, si quieres navegar conmigo, sabes que te doy la bienvenida. Pero no intentes joderme, Montana. ¡Joderme a mí es querer joder al mejor! Me sumo a Espronceda, que cantaba eso de "¡Sentenciado estoy a muerte! Yo me río, no me abandone la suerte, y al mismo que me condena colgaré de alguna antena, quizá en su propio navío..."
Hagas lo que hagas, te pierdas o no, ahórrate los sermones. Si me quieres demuéstralo, no me lo digas. Ni una sola vez necesito escucharlo, cuando sé que estás pensando lo mismo que yo. Y si oyes voces, y las haces caso, estás ejecutando tu propia sentencia.
Déjame vivir en paz, que yo duermo bien por las noches.
Ni mil palabras más.


2 comentarios:
Mi solete no cambies nunca
Increíble tu primer post. Siempre que conozco un blog me voy directa al primer texto para conocer las razones por las que esa persona comienza a escribir. Contigo lo tengo claro, necesitabas soltar lo que llevas en esa egocéntrica cabeza, no me extraña por otra parte, es imposible vivir con todo eso dentro, es necesario compartirlo. Gracias por ello.
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