Una de pensamientos.
La farola de enfrente está rota. Tiene la cúpula de la bombilla levantada. ¿Habrá sido el viento? Me enciendo un cilindrín, con un mechero que me regaló una prostituta, mientras me tomo una taza bien grande de café con anís, con su espuma y su azúcar. Me estoy quedando sin azúcar, pero no quiero ir a comprar. Hoy es Nochebuena, y miles de despistados estarán ultimando el Papá Noel de turno. Me parece una farsa, al igual que Halloween. Somos españoles, tenemos nuestra propia tradición milenaria. Creo que deberíamos exportar a los Reyes Magos, el desayuno de roscón y chocolate con la familia, y la noche de Reyes, en vez de importar mierdas estadounidenses.
Asomado a mi terraza, contemplo bajo el soslayado Sol decembrino , mi Madrid, precioso y estimado Madrid. Qué bonito es, qué invernal, qué melancólico. Medio coco me hace de cenicero. Lo tiró un amigo mío, y yo lo transformé, apuñalándolo con un destornillador para abrirlo por la mitad, y convirtiéndolo en el cenicero más original del mundo.
Un edificio de oficinas se interpone entre mi visión y los cuatro estandartes verticales de la Castellana. Pero veo Torrespaña, y el resto de Madrid. Qué aire tan limpio el de hoy.
Me he levantado sólo, como siempre. Igual de sólo que me acosté. Ayer, una eterna espera matutina, una comida modesta, una llamada a mi media naranja, una charla emocional con mi mejor amiga, unos cartones en el bingo, una manzanilla, un paquete de cigarrillos, mucho frío, lluvia a mares... fueron mis principales quehaceres. La vida es un huracán. Mi amiga me contó la manta de hostias que te da el destino. A veces escribo hostias con “h”, otras sin ella. La RAE me lo consiente.
Estoy harto de que me mareen. A ver cuando se hacen cargo de mis sentimientos.
Mientras buceo en la calidez de mi propia compañía, reparo en que sigue habiendo eco, como cuando vivía en el chalet. Es porque un cuerpo sólo, no llena una estancia. Estoy a gusto, un poco melancólico, pero a gusto. Sabina me hace compañía en los altavoces. He reparado que hace ya un año, escribí un post sobre cómo conocí a mi pareja. Por entonces vivía con mis padres, y mi madre hizo pollo asado, o cordero, no recuerdo. También reparé en la iluminación solar, tenue y triste. Llevo ya casi un año de independencia. Madre mía.
Un viejo amigo se ha rendido. Vuelve al nido con sus padres, porque la casa le viene grande. Vivir sólo es duro, aunque te acostumbras, pero siempre echas de menos algo, o a alguien. A veces hasta te da por hacer tonterías y escribir mensajes a personas que tenías olvidadas. Yo prefiero escribir pensamientos, o leer, es menos peligroso. Y así estoy, la víspera del nacimiento de Cristo, mirando el móvil de hito en hito, por si alguien este año se acuerda de mí. Sé quien no me va a fallar, pero tengo curiosidad por saber quién más va a tener un gesto de cariño hacia mí.
Ayer anduve bajo la lluvia una eternidad. No tuve prisa. Me encantó mojarme entero, y disfrutar de una pequeña sensación de confort, o de libertad. La gente me miraba como si estuviese loco. Sé que no todos se atreven, pero sé que todos me comprenden. Cállate, que quiero escuchar las hojas cayendo de los árboles. No hables, respeta las ondas del agua de la fuente. Inhala el humo del cigarro, mientras aquella pareja del banco del parque se besa.
No quiero acabar como Enrique Urquijo. El mundo de lo sórdido ya no me resulta extraño. Aunque me mantengo lejos de las drogas, hasta del alcohol, me gusta lo turbio. Cada vez más.
La oscuridad se ha cernido sobre la ciudad, en la media hora que llevo escribiendo. Yo me voy a cernir sobre la ducha. Estoy sólo, pero sólo en mi casa. Tengo una familia estupenda, aunque lejos, pero ya estarán poniéndose guapos, para mamarse y reírse hasta la madrugada, como todos los años. Cuando acabe la cena y todos se recojan, hoy disfrutaré de mi soledad. Me apetece. Me lo debo. ¿Conformismo, o adaptación? No lo sé, pero satisfecho, al fin y al cabo.
Pero ojalá estuvieras aquí.
Pasadlo muy bien, y disfrutad de la familia. El que no esté entusiasmado con la idea, que se lea “En Nochebuena" de Vicente Wenceslao Querol y cambiará de opinión. La familia es lo único que nos queda siempre.
Felices fiestas, un abrazo.
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