Si yo fuera un soberbio.
- Hola, ¿qué tal, guapo? Oye, no tendrás fuego…
- Claro-dice él sacando el mechero- para una rubia tan guapa tengo de todo…
-¿De todo? Vaaaya… qué generosos son algunos, jajaja. Y si te pido una copa, también me invitas, ¿no?
-Buenoooo –exclama él haciendo un aspaviento- ¿No queríais las mujeres igualdad de trato? Pues entonces, creo que me deberías invitar tú a la copa. Es más, ya que me has entrado, deberías pedirme el número, llevarme a casa en tu coche y si te invito a subir, me follas y te vas antes de amanecer. Exijo que ejerzas tu igualdad con el hombre en el terreno de lo social. ¿Cómo lo ves?
- Uyuyuy chico, ya te gustaría… Estás flipando… Mira, ¿ves a ese de ahí?-dice señalando a una versión edulcorada de Steven Seagal, con el pelo corto- A ese sí que me lo llevo a follar y hasta le pongo la cama. Cuando te le parezcas, vuelves, nnnennne.
Sin prestar atención al señalado, él desvía la mirada hacia el frente. Por un momento, finaliza su sonrisa ,y fija su atención en la cabeza de bisonte colgada en la pared. Entrecierra los ojos, haciéndose el interesante, a la vez que le da un sorbo imperceptible a su “gran reserva”. Con un gesto de lo más Clint Eastwood, se enciende un cigarrillo con las cerillas, no con el mechero. El silencio es un arma imbatible, a la que ella se someterá quebrantándolo. Nunca falla. Una pelirroja solitaria lo observa atentamente a unos metros de distancia.
-“Oye, perdona, no quería ser tan grosera –se repliega la rubia- Lo que pasa es que eres muy directo y conmigo no van así las cosas… Ya sabes. Que yo no soy un “putón”, y no me vas a meter en la cama con la primera frase que sueltes. Que para echar un polvo, pues eso, que los tengo a miles, y para eso elijo yo.
-Nada, nada, tranquila, mea culpa. No pretendía meterte en la cama con una frase. Son clichés típicos para incendiar tu vena liberal. Me da igual lo del polvo.
-¿Y si te digo que no me va ese rollo? Que yo soy de pensar que las mujeres estamos genial siendo mujeres. A mí me gusta que me traten como a una reina.
-Pues te diré, que eso también es otro cliché, y que podríamos enzarzarnos en un teatrillo femini-machista, que ambos detestamos. Y sinceramente, a estas horas, o se está follando, o se está durmiendo. Casi te diría que prefiero me dejes acabarme el whisky a gusto.”
Ella, con la boca abierta, se da media vuelta y se vuelve a su grupo de amigas. Él sigue en la barra, mareando el whiskyto de rato en rato, para que se embadurne bien del frío de los hielos. Mientras la pelirroja vecina le estudia furtivamente, él se pone a conversar con el camarero, ajeno completamente a la mirada de odio de la rubia despechada, y las críticas de las arpías adyacentes. Al cabo del rato, la rubia vuelve a pedirse otra copa.
- “¿Eres así de subnormal con todas las tías?- le increpa súbitamente.
- No, con todas no. Sólo con las zorras que buscan un pagafantas para pasar la noche y olvidarse luego de su existencia –alega él, sin dejar de mirar el bisonte.
- Tío, en serio, lo tuyo es muy fuerte. Encima que me acerco a hablarte otra vez, y me llamas zorra en la puta cara… O sea, muy fuerte.”
Entonces, él se gira completamente hacia ella. Se bebe la media copa que quedaba de un sorbo, y taladrándola con sus profundos ojos, hace amago de empezar a hablar. La pelirroja, que se ha acercado discretamente, coge su paquete de tabaco, como pidiéndole un cigarro. Él asiente, permitiéndolo, y volviendo a mirar a la rubia, comienza pausadamente su retahíla.
“Mira, bonita, el retrasado ese al que le pondrías “hasta la cama”, vive en el gimnasio. Seguramente se levante a las ocho, corra una hora, o dos, se tome su batido de proteínas, se vaya a hacer musculación. Después comerá una dieta rica en carbohidratos y luego por la tarde se hará otra sesión de mantenimiento. Quizás más tarde irá al baño a cagar piedras, por las mierdas que se toma, y luego se peinará como Pitingo para venir aquí a que las superficiales como tú le doren la píldora. Luego de intercambiar dos besitos, les pone una excusa para no irse con ellas, porque con tanto anabolizante, no le arrea el pito.”
“Porque no lo niego, está bueno. Y eso le funciona. Pero, ¿sabes qué? Es su kung-fu. Él se pasa las horas subiendo y bajando pesas… y yo… Bueno, yo no creo que sea capaz de levantar ni tu bolso. Porque no me hace falta, linda. Yo he hecho cosas que ese tío no ha visto ni en la tele. Yo he viajado a lugares que seguramente no sepas ni que existan. Yo me he perdido en el espacio y el tiempo. He desafiado al mar, a la tierra, al cielo, a las tormentas, al hambre, al odio, a la enfermedad. Me he reído en la puta cara de la muerte, he atravesado los rincones más sórdidos de este maltrecho planeta, y he aterrizado en la tristeza infinita. He vivido en la ironía, y de cuando en cuando hago escala en la maldad. Me gusta rodearme de silencio, y no me gusta que lo interrumpa nadie... Nadie con palabras sordas, necias y carentes de contenido. Me gusta disfrutar de un susurro oportuno y no de un chillido impertinente bañado en decibelios."
“ No conozco mis límites. Salgo cada noche, tentando a la suerte, a ver si me arrolla un camión, me encuentro con algún valiente que me suelte una manta de hostias y me deje tirado, muerto de frío, en cualquier esquina de esta podrida ciudad. Le planto cara al destino cada vez que cruzo el umbral de mi hogar. No hay emociones que sacien mi hambre de aventuras. Estoy harto de modelitos de revista, y vivo deseando encontrarme una tía con capacidad léxico-semántica suficiente para rebatir esta verborrea, y que se me ponga dura sólo escuchándola hablar. Tus horas de peluquería, tu tanga por encima del vaquero y ese escotazo que llevas, están sobrevalorados en mi mundo. Sobras en mi vida. Ya te puedes largar.”
Como no estaba dispuesto a escuchar la sarta de improperios que seguiría a continuación, se enfunda en su chaqueta, y sale del bar, despidiéndose del camarero. Y mientras saca un cigarrillo del paquete, observa un papelito enfundado en el plástico protector. El papel reza: “Tentador, soberbio y egocéntrico. Que no salga el Sol sin que te bese. Calle Melancolía, antes de que nos baje el whisky. Fdo: una pelirroja cotilla”.
Él descubrió que se pueden ver las salidas del Sol, después de una gran noche en Madrid, si no se tienen compromisos.
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1 comentario:
En todo eso que dijiste llegas a mencionar la puerta Tannhauser..y el piso te lo pongo yo :)=
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