"Este viaje me va a servir para recuperar la fe" - pensé ingenuamente mientras buscaba la Iglesia de Santiago Apóstol por el casco viejo de Madrid. Ya me hizo torcer el gesto el comentario del sacerdote que me firmaba la credencial de peregrino: "Te invito a que generosamente hagas un donativo mínimo de diez euros". Así lo hice religiosamente, porque no le voy a poner precio a mi fe (fue mi excusa). De haber sabido que me me acordaría de su puta madre hoy sería diez euros menos pobre.
Cinco días y ciento doce kilómetros de ampollas, agujetas, silencio y sudor, aderezados con los alentadores comentarios de algún peregrino malnacido, de la índole de "ay, si hubieras hecho la mili" bastaron para llegar a Santiago de Compostela. El cura que me absolvió de mi corta vida de imperdonables pecados me instó a rezar un Padrenuestro, mientras me invitaba hacer otro generoso donativo, que decidí cambiar por un paquete de Marlboro en el estanco, pues ya empezaba a estar hasta los cojones de sufragarle la pederastia a esa maldita secta de desgraciados.
Miraba estupefacto a los cinco mil retrasados quejumbrosos con los piés a la virulé que abarrotábamos la catedral, entre los cuales me hallaba yo, vitoreando a un oscilante botafumeiro y echando billetes naranjas (!) en el cepillo del sacristán, atentísimo él de no dejarse ni un solo feligrés sin haberle ofrecido su inmensa bolsa llena de hipocresía aterciopelada. El obispo que oficiaba el evento llevaba los ropajes bordados en hilo de oro y pedrería, y fue traído en un coche de alta gama blindado. Yo le buscaba el sentido al voto de pobreza mientras rezaba, pero algo se me escapaba a mi escaso y mal repartido conocimiento.
Viendo que eso de recobrar la fe iba a ser cosa jodida, me dió por abrazar al Santo y pedirle lo mejor para mis allegados. Pero mis allegados no han hecho más que ponerme en duda, darme puñaladas traperas y consejos de mierda gratuitos y obsoletos, mientras me miran de soslayo y susurran lo crápula y desarraigado que soy. A veces consiguen que me dé lástima a mí mismo.
He llegado a la conclusión de que si Dios existe, mira para otro lado. Que puedo estar rodeado de gente pero estoy más sólo que la una. Que nadie va a creerme una palabra, haga yo lo que haga. Que tengo que demostrar lo que soy y valgo constantemente mientras cuatro bastardos lo tienen todo en el nombre de Dios o de la Administración.
Llego a Madrid, y me bajo a tomar unas cañas (sólo, porque nadie me aguanta) y mientras busco un bareto para ver el partido, una caravana de trailers llenos de locazas depiladas y troncos musculados baila al ritmo del chunda-chunda y el éxtasis. Plumas, pelos, coches tuneados de ositos y personas de dudoso género sobre zapatos de medio metro, disfrazados de temática variopinta, circulaban entre la multitud. Hubo una explosión súbita de amor homosexual que llenó de obscenidades el ambiente. Por detrás de la caravana, un grupito de empleados de limpieza con cara de resignación limpiaban los restos de botellón y la tonelada de panfletos reivindicativos esparcidos por el suelo.
Si yo hubiera sido gay, no me enorgullecería estar representado por semejante panorama. Qué deplorable espectáculo, pero por la actitud de la gente, no por el contenido de sus reivindicaciones.
Da pena ver que hay gente partiéndose la cara y pegándose tiros por defender los ideales de un colectivo que lleva dos mil años decojonándose del pueblo bajo la forma de una cruz o de una media luna. Otros reivindican tolerancia mientras son intolerantes con los que no quieren imposiciones sociales. Los gays se meten conmigo, me llaman fascista, aunque yo no me meto con ellos. Pero sigue sin salirme de los cojones pagarle con mis impuestos un cambio de sexo a nadie. ¿Me pagan ellos una noche de putas? Pues eso, que yo también soy persona, coño. Haced lo que queráis, pero dejadme en paz.
Soy creyente, pero la pantomima eclesiástica me sobra. Tampoco me gustan las banderitas arcoiris. Ya no creo en los valores morales, éticos, espirituales ni familiares. La política no hace más que traicionarme, y el tenue patriotismo deportivo al que me aferro me hace dudar de la integridad de mi sensatez.
Este país es una mierda puta, y estoy rodeado de gilipollas que lo gobiernan y subnormales que los defienden. Las alternativas son maldita basura. El futuro da asco, el presente apesta y el pasado es digno de olvidar.
Y yo tampoco soy mejor que todos ellos. Ni peor.
Últimamente también me acuesto queriéndome morir. Aunque no me daré ese gusto.


5 comentarios:
Mi querido amigo. Yo no creo en Dios pero he de reconocer que su entrada... está escrita por el mísmísimo Dios.
Es una lastima que yo no viva en Madrid, tampoco soy gay, bebo cerveza y nadie me aguanta.
Siempre podríamos haber compartido una tapa de chorizo.
Siempre suyo
Un completo gilipollas
joder...
Lo importante del Camino de Santiago es durante.... ni el principio ni el final...
En cuanto a la Iglesia, soy de la opinión de que para que te crean debes predicar con el ejemplo... y mientras exista el vaticano y sus riquezas como que no me convence el tema... me quedo con mi Fe y con mis convicciones....
Por otro lado, de acuerdo contigo en lo del orgullo gay... no entiendo tanta pantomima y exageración, podríamos inventarnos también lo del orgullo hetero... ya puestos...
Y para terminar... tomemos unas cañas, a pesar de tu mal humor y veamos las semifinales del mundial que este año de crisis lo mismo ganamos algo en el fútbol... bueno ganamos...... es un decir... no ganamos ni un duro los que sufrimos... pero siempre te anima. Un abrazo amigo... pon los pies en agua con sal... peregrino.
Te presiento revulsivo, mira hacia las cosas bellas y las menos bellas obvialas, veras que bellos panoramas observas.
Llevar tu propio vehículo es fácil si te alejas de todo, si no te vinculas con el paisaje, por ejemplo cuando estas arriba en el aire con tu vehículo ves un puntito en la tierra,
ese es tu yo.
No hay que dejar que el vehiculo nos lleve por donde quiera, sujeta bien el volante y conduce tù.
Yo confío en tus posibilidades.
Un cálido beso
Un completo gilipollas
Para un chorizo regado con cerveza soy capaz de plantarme en Barcelona antes del siguiente latido. Todo sea negociar quién invita.
Gracias por pasar
Marea@
Ya ves, un mal día lo tiene cualquiera, y es que no hay nada peor que destrozarse los pies para que al llegar te pidan dinero.
Lo de los gays es una fiesta que se les ha ido de las manos, la próxima me quedo en casa. No sabes la de cosas que he llegado a ver.
Bienvenidas esas cañas, maestro.
Un abrazo
MarianGardi
Sabio consejo. Trataré de conducirlo por el buen sendero. Sé que estoy repelente, pero se me pasarña
Un besote
Te pediré conssejo en unos pocos meses, cuando me arrastre yo por el Camino.
Me he sentido identificada con prácticamente toda la entrada y no lo puedo evitar pero me alegra tanto como me apena..
Saludoss y silbidoss..
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